martes, 30 de septiembre de 2014

Terapia neural. Bases históricas y fisiológicas.

Rita de la Iglesia Martínez
Médico de Familia
Máster en Terapia Neural


    La Terapia Neural se basa en el tratamiento a través del sistema nervioso, especialmente el vegetativo. El sistema nervioso se extiende como una amplia red por todo el organismo, relacionando los distintos órganos y sistemas. Es, por lo tanto, el gran integrador de toda la información que llega a las células a través de la matriz extracelular o sustancia básica. Cualquier irritación que afecte a una parte de esta red repercutirá en la totalidad, provocando una alteración en los lugares donde haya una predisposición para ello. El objetivo de la Terapia Neural será neutralizar estas irritaciones que, afectando al tono neurovegetativo, desencadenan la enfermedad; estimulando y bloqueando las aferencias y eferencias simpáticas para normalizar la perfusión de los tejidos.

    Esta neutralización se consigue aplicando un anestésico local a bajas concentraciones en los lugares donde el vegetativo ha sufrido la lesión. De esta forma se tratan los bloqueos que alteran el intercambio de información y se pretende reactivar los mecanismos reguladores para que el propio organismo produzca sus propias reacciones curativas.

Bases históricas y fisiológicas de la terapia neural:

    Múltiples estudios desde 1883 de Koller, Pauvlov, Speransky, Spiess, Head, Leriche, entre otros, conforman las bases de la actual terapia neural.

    En 1924 Ricker demostró mediante distintos experimentos que las modificaciones patológicas celulares están relacionadas con el simpático perivasal y con el sistema básico. El estímulo patológico necesario para generar una patología celular no siempre se inicia en la propia célula, sino que puede surgir en el simpático, es exactamente igual si se trata de un estímulo físico, químico o microbiano. Y parece que el simpático muestra una memoria o inercia para estímulos patológicos, los cuales podemos borrar mediante la terapia neural.

    Los hermanos Huneke en 1925, descubren de forma casual el efecto de la procaína sobre las migrañas de su hermana, hasta entonces resistentes a toda medicación. Después de inyectarle de forma intravenosa atophanil (un antirreumático), por consejo de un colega médico, durante uno de estos episodios de migraña, observan sorprendidos cómo desaparece la migraña junto con síntomas adicionales, inclusive una depresión que padecía. Durante la posterior investigación del fenómeno, se dan cuenta que el atophanil se comercializaba de dos maneras, una para administración endovenosa y otra con procaína para la inyección intramuscular, y que por error habían inyectado de forma endovenosa la preparación intramuscular (con el anestésico). El efecto logrado sugería que la procaína no había actuado por su efecto principal (supresión anestésica del dolor), sino por un efecto adicional desconocido. Por ello comienzan a investigar mediante la administración empírica de procaína de forma aislada en piel, músculo y zonas periostales, en distintos pacientes, para demostrar que era la procaína la que provocaba la modificación en el sistema vegetativo, y lo relacionan con procesos eléctricos que fluyen de alguna manera por vías neuro-vegetativas.

    La Terapia Neural forma parte de las terapias reguladoras y está sujeta al mecanismo estímulo-reacción, el estímulo se aplica mediante el piquete de la aguja y la inyección de un anestésico local, (el más habitual, la procaína, muy diluida con suero), buscando puntos interferentes en el cuerpo a los que se llega tras una historia de vida exhaustiva. Se aplica desde el nivel de pápulas hasta pinchar ganglios como el celíaco, estrellado, ciliar etc…

    Las células tienen un potencial de reposo de 40 a 90 mv gracias a ciertas proteínas transportadoras de iones. Ciertos estímulos hacen caer su potencial provocando su despolarización, y a continuación este potencial de membrana se recupera mediante dichas proteínas y gracias a la energía procedente mayoritariamente del metabolismo de oxígeno. Pero si los estímulos irritativos son muy potentes o continuados, la célula puede perder esta capacidad de respuesta y permanecer despolarizada de forma permanente, volviéndose focos de impulsos interferentes.

    El anestésico local provoca una carga eléctrica en los tejidos de 290mV que eleva directamente el potencial de membrana, impide la despolarización de esta al impedir la permeabilidad del Na+, lleva por lo tanto a la repolarización de la célula, la estabilización eléctrica de la membrana y la recuperación funcional de la misma.

    Por ello, el uso de la procaína en anestesia y en terapia neural difieren: Si el objetivo de la anestesia local es eliminar el dolor a través de la interrupción del impulso nervioso doloroso aferente con anestésicos potentes, la terapia neutral busca la repolarización de las membranas en terrenos interferidos o interferentes, y para ello usamos anestésicos de baja potencia y en menores concentraciones y cantidades.

    La procaína y la lidocaína son los anestésicos locales con menor y más corto poder anestésico, menor fijación a proteínas, menor toxicidad y más rápida eliminación. La procaína, el más usado, es un éster, con una duración de efecto de 20-30 minutos, y se hidroliza en el plasma por medio de la pseudocolinesterasa, desdoblándose en PABA, acido paraaminobenzoico (se excreta el 80% libre o conjugado por orina) y el DEAE, dietilaminoetanol (excretado el 30% por orina y el resto metabolizado en el hígado).

    En la terapia neural se utiliza un solo fármaco, siempre el mismo, sea cual sea el proceso, la especificidad la aporta el propio enfermo con su particular historia, antecedentes, interferencias, que son las dianas del tratamiento.

    Con respecto al perfil de seguridad, las posibles complicaciones de esta terapia son escasas, y cuando se dan surgen por el fármaco empleado (procaína y lidocaína, ambos ampliamente experimentados durante décadas), fundamentalmente por alergia al fármaco o sus metabolitos, o bien por defecto de la técnica de aplicación.